Tres veces soñó Randolph Carter con la ciudad maravillosa, y tres veces fue arrebatado mientras se hallaba en la elevada terraza que hay sobre ella. Toda dorada y magnífica, resplandecía en el crepúsculo, con sus murallas, templos y columnatas y puentes curvos de mármol veteado, fuentes con jarrones de plata y surtidores con los colores del arco iris en amplias plazas y perfumados jardines…
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