A fines del siglo XIX las tierra de África, en parte inexploradas, ofrecían un escenario ideal para situar aventuras exóticas. Allí colocó Henry Rider Haggard a Allan Quatermain, el cazador de elefantes, enrolado en un viaje erizado de peligros y dificultades en busca de las portentosas minas del rey Salomón. Una sucesión de peligros, ocasionados por la Naturaleza, las fieras o los nativos, que no entienden la idolatría de los blancos por las piedras, se interpondrán en su camino. Pero de todo ello surge una pregunta esencial: si la «civilización» materialista y obsesionada por el dinero no será, en el fondo, tan salvaje como esas tribus belicosas perdidas en el corazón de la Naturaleza.
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