No cabía la menor duda de que Lanham Cheson esperaba a alguien. Lo denotaban las frecuentes miradas que lanzaba a su reloj de pulsera y la nerviosa impaciencia con que estrujaba el periódico que, aunque recorría con sus ojos, su cerebro se negaba a retener, absorbido por otra preocupación.
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado