Debra Sagal. Una diosa de ébano. Cautivadora. Sensual… En una danza que parecía dotada de los más ancestrales ritos de la selva africana. Pero aquello no era África, sino Nueva York. Una jungla muy diferente. Más peligrosa que la mismísima selva africana.
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado