La caravana había formado en círculo. Las blancas lonas de los carros destacaban con nítida claridad a las primeras luces del amanecer. Los caballos, colocados en el centro del círculo para que estuvieran más protegidos, piafaban nerviosamente. Fuera de aquel sonido, el silencio era total. Diríase que los que estaban en la caravana, entre los carros, protegiéndose con colchonetas, con muebles y con las sillas de los corceles, no respiraban siquiera.
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