Continuaron con dificultad y en silencio. El camino que seguían iba ascendiendo cada vez más. Los guías se detuvieron otra vez. Frente a ellos había una manada de lobos que se movían con su característica pereza que engañaba a quienes no conocían la astucia de estos animales. —Creo que nos estamos metiendo en dificultades que no vamos a superar —dijo la muchacha.
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