El teléfono, inesperadamente, sonó a medianoche.Maud, adormilada, tardó un poco en darse cuenta de lo que sucedía. Al fin, terminó de despertarse y sacó el brazo fuera del embozo.—Hola —dijo.—¿Maud Colman? —preguntó alguien.—Sí. ¿Qué quiere a estas horas…?—Escucha bien, Maud. El camino hacia el infierno es largo y duro. Tú has iniciado ese camino… y un día vendrás conmigo a ese lugar donde sólo hay llanto y crujir de dientes.
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