Aquel siete de mayo fue un día amargo para Arthur Browne. Su mente no cesó de luchar contra el recuerdo. Y perdió la batalla. Ahora, cuando las calles de Dallas se engalanaban de multicolores luminosos de neón, Arthur Browne penetraba en su solitario apartamento. Ajeno al bullicio reinante en Little Street. A la alegre vida nocturna que se iniciaba. Para Arthur Browne sólo existía dolor y desesperación. Helen. Su amada y dulce Helen…
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