Los árboles pasaban borrosos a nuestro lado mientras corríamos como guepardos por el parque. —¡Inés, tía! ¡Hazte una coleta! —me quejé, esquivando una rama. Ella resopló fastidiada, aunque intentó hacerme caso. El problema fue que, con tanto movimiento, la goma se le cayó al suelo, y allí la tuvo que dejar. Pero claro, hazte tú una coleta mientras intentas escapar a toda prisa de los borricos de 6ºB. —Negativo, soldado —me contestó ella, saltando por encima de una piedra.
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado