—¡Dale fuerte, muchacho! —¡Ya es tuyo! —¡Con la izquierda, Bat! —¡Muy bien! ¡Bravo! ¡Atízale, Archie! Se repetían exclamaciones parecidas en un clima de pasión. En la plazuela de Los Cedros, un pueblo tejano, sobre un improvisado ring, se estaba celebrando un combate de boxeo. Los dos contendientes eran jóvenes, musculados, atléticos.
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