Ágata era una joya en bruto. 19 años. Preciosa. Y loquísima. Trastorno antisocial y límite de personalidad. Bebía. Fumaba. Y se drogaba. ¿Pero qué podías esperar? Huérfana. Sola. Rechazada. Casas de acogida de mierda toda su vida. Seguía viva por pura inercia. Y entonces le conoció. Adam. Metro noventa. Abdominales de acero. Traje impoluto. Corbata. Maletín. Y mirada de ser un Dios en la Tierra. Ágata sólo quería lamerle los zapatos. Pero había entrado a por un café. Y como buena camarera, obedeció. Y dejó su número de teléfono en el recibo. No tardó en llamarla. Era perfecto. Ágata suplicó ser su aprendiz. Su Aprendiz de Esclava. Él aceptó. Esta es su historia.
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado