Jeff Darrow, treinta y dos años, pelo castaño, de rasgos correctos y atlética constitución, exhaló un largo suspiro. El aburrimiento comenzaba a reflejarse en su cara. Pulsó el botoncito rojo del aparató electrónico que le comunicaba con Marjorie Holden, su secretaria, una monada de chica. —¿Dime, Jeff? —Estoy aburrido, Marjorie…
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