Las ruinas romanas de Baalbek quedaron atrás. Un rótulo, en la carretera polvorienta, indicaba: «A Beirut». A un lado, había montículos cubiertos de vegetación. Al otro, un abismo profundo, de verdes bosques. Delante, un parador de carreteras modesto y vulgar, casi un merendero, como hay tantos en el Líbano, especialmente en las zonas poco pobladas.
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