—Doctor Cray, el señor director le ruega que pase usted por su despacho.—Gracias —murmuró Arthur Cray, pasando ante la enfermera.Cruzó el ancho y largo pasillo y se dirigió al ascensor. Las enfermeras Anne y Silvia, que se hallaban en mitad del pasillo, se miraron maliciosas.—Guapo, ¿eh? —rezongó Anne.Silvia se alzó de hombros.—Lástima que sea tan serio. Anne se echó a reír.
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