Por culpa de Radolf Nauta, Sarah perdió su empleo en el hospital y se vio obligada a buscarse otro trabajo. Esperaba no tener que volver a verlo jamás. Sin embargo, no podía dejar de preguntarse qué opinaría de ella y si le resultaría atractiva. Era una estupidez, porque él era el último hombre sobre la tierra a quien ella podría amar.
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