La fragata New México atracó en el muelle de maderas podridas y cabeceó como si tuviera prisa por alejarse de aquel lugar. El capitán Morgan hizo una mueca después de desparramar la mirada por los alrededores. Volvió la cabeza a medias y voceó hacia los camarotes: —¡Eh, Madox! Mire esto y échese a llorar. La puerta de cubierta se abrió, enmarcando a un hombre de unos veintinueve años, moreno, de elevada talla y cuerpo atlético. Iba a salir, pero se quedó paralizado.
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