Alex Patterson tenía dudas, serias dudas.Sobre el papel, el viaje había sonado bien. De Manhattan a Los Ángeles. De Los Ángeles a Sídney. De Sídney a Albury. De Albury a Werrara.Sí, bueno, tal vez no sonaba tan bien, pero lo había leído deprisa y no había pensado en ello. Unas cuantas horas antes de llegar a Sídney estaba cansada. Ahora, después de tres horas conduciendo bajo una violenta lluvia, estaba hecha polvo. Quería un largo baño caliente, un largo e intenso sueño y nada más.
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