Había una vez tres hermanos médicos a quienes llamaban «los tres mosqueteros», porque eran inseparables, porque se cubrían las espaldas, porque adonde iba uno los otros lo seguían y, sobre todo, porque los tres eran irresistibles... Bastian, el mayor, era el protector, el correcto, el que nunca sonreía... hasta que cayó en el embrujo de una nariz de goma con sabor a pomelo... Una condena... Un secreto... Una pasión innegable...
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