Mister Maxwell N. Sirand, el conocido millonario de Boston, dejó sobre la mesa de su despacho las fotografías que con ayuda de una potente lupa había estado observando, y se retrepó en el sillón donde estaba sentado. Quitóse en silencio las gafas después, y se dedicó pensativo a limpiar sus cristales. 'Pueden ser platillos volantes' dijo de repente sin mirar a la pareja de periodistas que tenía ante sí, acomodados en sendos butacones de cuero...
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