A Alexander Leeds le gustaban las mujeres altas, morenas y libres. Pero tuvo que replantearse sus gustos cuando conoció a Olivia Bennett, una mujer pequeña, rubia y madre de tres hijos. Sabía que tenía que andarse con cuidado si no quería verse atrapado en aquella relación, así que, ¿qué hacía él siendo el anfitrión de la fiesta de cumpleaños de una niña de nueve años, enseñándole mecánica a un hijo y discutiendo problemas económicos con el otro? No podía dejarse deslumbrar por aquel brillo falso.
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