Percy Mac Donald eructó con fuerza y luego profirió una estentórea carcajada. —¡Ah, chicas, qué bien se está entre vosotras! Las dos chinitas, casi idénticas en su rostro, cabello e incluso la delicada anatomía de redondeces suaves pero expresivas, rieron a un mismo tiempo. El conjunto musical, mezcla de chinos y europeos, lanzaba al aire una música ensordecedora. «Quizá toquen hot-jazz», se había dicho el irlandés al entrar en el «Buda Rojo», «night club» situado en el centro de la Chinatown, de Nueva York.
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