El joven puso dos dólares en la mano del mayoral de la diligencia y murmuró con una sonrisa: —Gracias por haberme facilitado plaza en el primer coche que sale, amigo. Necesitaba con verdadera urgencia hacer ese viaje. —Pues no se entretenga, o lo va a perder. Salimos dentro de cinco minutos. —Descuide, no me entretengo más.
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado