El jefe de brigada, Cornier, descolgó el teléfono. No dijo ni una palabra, volvió la cabeza violentamente y se precipitó por las escaleras derribando dos sillas y un montón de carpetas. Cogió sin detenerse una pistola ametralladora y gritó a los hombres que estaban jugando a las cartas por los rincones de la habitación: 'A los coches, le han localizado, han localizado a Reiner!'
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