Sonó el teléfono. Una mano velluda, adornada con un par de valiosas sortijas, levantó el aparato. —¿Sí? —Hola. Ya está liquidado el asunto. —¿Ha salido bien? —Perfectamente. —¿No ha habido fallos? —Si hubiera habido algún fallo, ya no sería perfecto. Yo diría que ni se enteró.
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado