ENID, la dueña del hotel que había en la ciudad, estaba cansada y muy contrariada, por tener que decir a tanto diente que no tenía habitación alguna. Todo estaba completamente ocupado. Incluso habitaciones trasteras habían sido alquiladas. El empleado que tenía comentaba con ella: —De haber tenido cien habitaciones más, estarían ocupadas…
Comentarios (0)
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
Reporte enviado
Su reporte no pudo ser enviado